Archivo de junio, 2012

jun 15 2012

Carta abierta a D. Manuel Ángel Santiago, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario Coronada de Fuengirola

Publicado por en General,Política

Estimado párroco Manuel Ángel Santiago:

Quiero trasladarle con todo respeto y en mi nombre, y sólo en mi nombre, unas reflexiones sobre lo acontecido el 7 de octubre del pasado año, en relación con su homilía en el día más importante de la ciudad.

Cuando mis obligaciones me lo permiten, acudo a los actos a los que la Hermandad del Rosario me invita con toda amabilidad. No siempre estoy de acuerdo con el fondo y con la forma de sus homilías, cuyo contenido es netamente político, lo que, en mi opinión, contraviene el espíritu de las normas litúrgicas promulgadas por el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium; si bien, nunca se lo he manifestado y, como habrá podido comprobar, no he dejado de acudir a la parroquia.

Pero su homilía del pasado día 7 de octubre fue entendida, por muchos de los presentes, entre los que me incluyo, como una agresión directa y despiadada hacia mi persona. Tuvo a bien recriminarme, sin citar nunca mi nombre, mi presencia allí, y reprocharme acontecimientos que más adelante citaré, pero que nunca se ha dignado a decirme personalmente, porque prefirió esperar a la misa más importante del año para hacerlo de forma pública y ostentosa.

Esta actitud, que a algunos podría parecer arrogante e incluso servil para con la señora alcaldesa de Fuengirola, así como los abundantes parecidos que se observan entre los discursos políticos de ésta y los supuestamente religiosos de usted, provocan en mí la alegría de saber que se llevan ustedes bien y que sus ideas son tan afines que casi se podría decir que algunos de los discursos los escriben juntos. Siempre emocionan las muestras de amistad y colaboración.

Puede que yo sea, como usted pretende trasladar a sus feligreses, un mal cristiano. Personalmente, prefiero no catalogar a las personas, ya está usted para erigirse en juez ante la ciudadanía, lo cual a alguien podría parecerle un hecho lamentable. Por eso, esta carta, lleva tiempo como borrador en mi escritorio, retenida por la duda de si convendría publicarla, de si era mejor aceptar en silencio sus ataques políticos disfrazados de moral o era mejor confesarle mis inquietudes y caer en la misma tentación que usted de difundir públicamente mis reproches. Al final, como ve, he sido débil; pero antes le haré entrega de una copia, para que no se sorprenda y se le quede la misma cara que a mí en sus homilías, las cuales, por otra parte, agradezco, pues habiendo tantos pecados en el mundo me honra que se preocupe tanto por los míos, y que lo haga usted ante toda la ciudad y en plena campaña electoral.

Le agradezco también que con su homilía, que por otro lado tuvo un ligero aroma sulfuroso de agresión contra mi persona, reavivó en mi memoria el emotivo recuerdo del proyecto de cooperación internacional en el que conocí al padre Pozzo y de las conversaciones que tuve con él, un jesuita bueno que daba testimonio de lo que es el cristianismo con su ejemplo, ayudando y dando esperanzas a los desamparados en Arequipa.

Como muchos cristianos, no comparto toda la política de Roma (esto seguro que ya lo había adivinado), así como tampoco tengo por qué compartir todo pensamiento que emane de mi partido, del que soy portavoz en el Ayuntamiento de Fuengirola.

Es posible que ciertas campañas de mi partido respecto al uso del preservativo se excedan en la forma y hieran algunas sensibilidades (aunque yo prefiero fijarme más en el fondo de las cuestiones), pero también creo que el mensaje que la Iglesia propaga en África sobre este tema de la profilaxis contraviene las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, y no acabo de ver con buenos ojos el hecho de que a muchos representantes de la Iglesia Católica les preocupe más la cualidad contraceptiva del preservativo que el contagio masivo de enfermedades. Sin embargo, me atrevería a decir que son muchos los buenos cristianos que usan condón y que, gracias a Dios, también son muchos los que consideran que el sida es una epidemia gravísima y que para solucionarla es mejor seguir las recomendaciones médicas que las de algunos sacerdotes.

Me temo que fue este tema es el que desató su ira durante la homilía, curiosamente el mismo efecto, y expresado en los mismos términos, que con anterioridad tuvo en los miembros del Partido Popular de esta ciudad. Pero, en todo caso, si acompañar a los jóvenes de mi partido a una rueda de prensa durante la campaña electoral para defender una recomendación internacional de salud hubiera sido un error por mi parte, ¿no es más cristiano perdonar? Por sus palabras deduje que lo que hice fue tan grave como para merecer la excomunión, lástima que el canon 1398 del Código del Derecho Canónico no sea aplicable a los políticos por defender determinadas posturas. Y me pregunto de nuevo: ¿no debería ser usted más comprensivo que los demás con los errores humanos?

Yo, por ejemplo, no estoy de acuerdo con las corrientes más conservadoras de la Iglesia que entienden que no debe darse la Sagrada Comunión a las personas divorciadas; defiendo y defenderé de las críticas en este sentido a quien usted siempre considera en público una buena cristiana, y le defiendo también a usted por aceptarlo y soy comprensivo con que usted haya cambiado de opinión en este tema de unos años a esta parte.

La Semana Santa de aquel año (2011) fui insultado por algún concejal del PP. Usted nunca me ha defendido, tampoco lo espero, pero no me parece digno de su condición alentar determinados comportamientos de quienes se golpean el pecho en público y luego no son ningún ejemplo a seguir en su vida cotidiana ni en su función pública.

Al mismo tiempo, me gustaría terminar aprovechando esta carta para pedir respeto. Sí, respeto para todas aquellas personas que acudan a actos religiosos de cualquier índole, ya sea como cargos públicos o como particulares. Es una petición general, pero dirigida especialmente a usted, porque es lo mínimo que se le puede pedir a un ministro de la Iglesia.

10 comentarios

aa