Los caminos de Jesús

mayo 3, 2017 Viajar Sin Comentarios

No tengo la suerte de haber sido premiado con el don de la fe, aunque nunca haya cerrado la puerta, si bien, creo gozar de cierta salud espiritual, aunque, como todos, padezco catarros en invierno y en las primaveras más alocadas, algo de alergia.

Dicen por ahí, y estoy con ellos, que hay lugares cargados de energía, metafísica dicen otros, quien sabe si como consecuencia del peso, y posos, de la historia, la cultura o quizás por otras razones menos tangibles, más alejadas de la razón, que llevamos, no sé si como cruz o bendición, sobre nuestros hombros, y hace que se sientan con mayor o menor intensidad emociones difíciles de explicar sin un verbo fácil, pero que la carne no te niega, y que puede aparecer en Machu Picchu, entrando en la Plaza del Obradoiro tras hacer el Camino de Santiago, pasando unos dias con un grupo de monjes budistas en Eiko-in o paseando por el desierto de Judea.

Y así llegamos, de un salto, y sin apenas anestesia, a los lugares de la vida Jesús, sus caminos, desde Galilea a Judea, para terminar en las últimas esquinas de unas calles dolorosas y empinadas, de una ciudad que te atrapa, y te mata, que diría él. Jerusalén.

Tras años persiguiendo historias, algunas más noveladas que otras, necesitaba experimentar lugares, olores, sabores, imaginar frente al lago Tiberiades pescadores de almas o comer pan artesanal regado con vino de Caná, para cerrar en la ciudad más espiritual, religiosa y golpeadora de la tierra, y todo ello, procurando no caer en la tentación ni coquetear con nada que pudiera ocasionar alguna deriva del conocido como síndrome de Jerusalén.

Tres, tres caminos he perseguido, el de los años felices, inicios con ilusión de un proyecto emprendedor, Nazaret, el lago Tiberiades, la verde y rica Galilea, de gente sencilla, afable y práctica, el de la calurosa Judea, arena y roca, tiempos difíciles de política, intrigas e incertidumbres, y el camino de la muerte, en Jerusalén. En cada uno de ellos, sensaciones que van de lo dulce a lo seco para finalizar en la asfixia (causa de la muerte por crucifixión).

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