Turismo residencial y modelos de desarrollo (I)

noviembre 16, 2017 Derecho Sin Comentarios

 

El mercado inmobiliario en la Costa del Sol goza de buena salud. Sé que es una expresión manida, pero entra incluso sin necesidad de ser acompañada por una carveza de viernes (freda´s øl que escucho en mi trabajo cada semana al despedirnos hasta el lunes).

Se inauguran nuevas agencias, los bancos, no solo españoles, ofrecen y se muestras cariñosos, y los planos de nuevas construcciones empiezan a verse de nuevo en despachos que ofrecen servicios legales. Todo esto no necesita cifras, que también existen y que gráfica y numéricamente nos muestran los medios de comunicación, no sólo los económicos, cada día, sino mirar a nuestro alrededor.

El crecimiento económico y sostenible se nos ha mostrado en muchas ocasiones como enfrentados, sin armonía y con enemistad manifiesta aunque se nos presenten agarrado de la “y”. En la última, dura y quizás falsamente cerrada crisis del ladrillo, y no sólo eso, pudimos palpar en la Costa sobre todo, como parte del sector que sobrevivió fue el que supo casar la necesidad del marcado y las previsiones económicas, políticas y financieras de las principales fuentes de negocio, en particual, Europa. Es cierto que nadie vio con antelación suficiente lo que se nos venía encima, la burbuja que nos estalló en la cara y en los bolsillos, pero no es menos cierto que el ladrillo firme aguantó y otra parte importante quedó en pañales (sin finales de obra, huérfanos de primera ocupación y algunas cosas más), que ha suspuesto un quebranto económico y de cabeza a muchos inversores, peces chicos y grandes.

La venta de vivienda vacacional aumenta, según todos los datos, en la Costa del Sol, y lo hace, ahora sí, a un ritmo asumible, acorde con la realidad financiera y económica del mercado, con previsión, siempre con cautelas, que nos conocemos, de subidas moderadas para estabilizarse en el plazo de un año, ya que, aunque aumenta el comprador nacional según los estudios del INE, la incertidumbre del inversor británico nos persigue, todo ello sin olvidarnos que aunque la demanda se alimenta en buena parte de los hijos del Brexit, recibimos inversores de todos los rincones de Europa y parte del extranjero.

La diferencia respecto de hace 10 años, es que gozamos de mejor salud jurídica. Recuerdo bien lo complicado que fue explicar allá por marzo de 2008 en una seminario de inversores en Copenhaguen que todo lo que había ocurrido en Marbella redundaría en mayor seguridad jurídica para el futuro. No descubría nada nuevo, era obvio, aunque también es cierto que visto lo visto, nos queda ahora con la anulación de la regularización del 2010 y vuelta al PGOU del 86 un camino incierto, pero sospecho que no demasidado doloroso. Paciencia y buenos alimentos.

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